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Tuesday, May 20, 2008

Alfred Andersch

La lectura que hace Sebald me pareció interesante hasta llegar al final del tercer capítulo, no se porque pero le fui perdiendo el interés. Después vino la parte de este escritor Andersch, y no entendía realmente cual era la pertinencia dentro de la historia que Sebald venía contando. Debo reconocer que al terminar de leer este último capítulo, sentí verguenza ajena por la claridad con la que Sebald plantea las intenciones maquiavélicas y la construccion de una vida basada en las mentiras como la que vivió este escritor.
Primero, empieza con una cita que me llamó la atención, porque ese dia había estado hablando con unos amigos de cómo el autor hoy en día prefiere estar por encima de su obra. El mundo literario se ha convertido en un hall de la fama, y es evidente que Andersch buscaba esto más alla de la calidad de sus obras. Al afirmar que..."La literatura alemana tiene en Alfred Andersch uno de sus talentos más sólidos e independientes". Y abajo muy sultilmente "texto de solapa escrito por él..." Un idiota. Y más si se mira como este escritor va utilizando a los que están a su alrededor como maquinaria para lograr su objetivo: ser el mejor, aunque carece de algo fundamental en el trabajo de escribir : saber escribir. No sé si Sebald se empeñó en mostrar los peores fragmentos de la obra de este escritor, pero son todos un desperdicio literrario. Y no es que yo me considere una crítica literaria por excelencia, no quiero sentir que estoy agregandome méritos como contínuamente hizo Andersch. El texto en esta última parte vuelve a interesarme, estoy segura que Sebald se sintió satisfecho con el trabajo que hizo al reconstruir la obra de este autor alemán, suizo, judío. Sin una identidad determinada, eso dependía de los interéses que tuviera en el momento.

La demencia

La demencia que caracteriza a los sobrevivientes de la guerra, es quizas el elemento que saca a relucir Sebald para comprender el estado de letargo permanente en el que quedan enterradas las almas de estas personas. Es un sentimiento que sólo experimentan aquellos que vivieron esos instantes interminables de la guerra."... Sin embargo, quizá por esos recuerdos fragmentarios pueda comprenderse que es imposible sondear las profundidades de la traumatización de las almas de los que escaparon del epicentro de la catástrofe..."
Algo similar, es lo que deja plasmado Jhon Hersey en la reconstrucción que hace de los hechos ocurridos en Hiroshima. El testimonio personal que dan sus personajes, parecen muchas veces inverosimiles dado el carácter monstruoso de su contenido. Uno de sus personajes, el padre Kleridge, narra como al intentar salvar a todas la víctimas se encuentra con una serie de casos que parecen hacen parte de una pesadilla. Hombres, niños y mujeres, con la piel en llamas y los parpados derretidos por el calor de la bomba. Y así, el lector se va acostumbrando a leer este tipo de pasajes, que tienen un impacto aun más aterrador cuando se sabe que todo está basado en hechos reales. Sebald intenta de todas las formas, hacer una reconstrucción completa de la catástrofe tal como ocurrió en la época en que las ciudades alemanas fueron destruidas. Su interés se hace más fuerte, al sentir que una fuerte conexion lo ata a esta época histórica. Pero cuenta con recuerdos difusos de su niñez, los cuales no sirven mucho para lograr su objetivo principal. Esto debe ser frustrante para el autor, quien después de analizar una gran cantidad de documentos que le envían con el objetivo de aclarar la situación, lo que logran es agregarle más ficción a una epoca histórica que aun permanece oculta en los escombros.

Sunday, May 18, 2008

La ilusión lírica de la guerra

Los dos últimos textos son una muestra de la construcción de la guerra. Es evidente la transición que hicimos de Homero a Sebald. Por una lado está la guerra organizada, determinante y heroica de los griegos. En esta guerra, el individuo no pierde su identidad, no se ve relegado por la masa, que al final lucha por salvaguardar los interéses de otros más poderosos. Al leer con detenimiento las primeras páginas de “La Iliada”, se describen muy detalladamente los personajes que van a la guerra, su linaje, procedencia y las cualidades que los convierten en guerreros honorables y reconocidos. Cada uno tiene un valor innato, y nada los detiene a pesar de saber que muy posiblemente perderán la vida en el combate. Este aspecto si se relaciona con el valor del guerrero, que se mantiene vigente en las guerras de todos los tiempos.

La guerra que describe Sebald, muestra a un hombre diferente. Empezando por los avances tecnológicos que se vieron en la Segunda Guerra Mundial; la radio como herramienta de comunicación e información; los avances en todo el armamento aeronáutico y armas de tal magnitud y poder de destrucción como las bombas atómicas, que arrasaron con las ciudades japonesas de Hiroshima Y Nagasaki. Nada detenía al hombre en sus ansias de poder, que importaba la muerte de millones siempre que se mantuviera el liderazgo de la guerra. Los campos de concentración en los que millones de judíos vivieron un infierno que parecía no terminar, son otros aspectos de esta Segunda Guerra, época que al analizarse pasado un tiempo es casi imposible de creer. Estuve mirando un libro de un autor mexicano llamado Miguel Espejo, en el se intenta dar una explicación a las contradicciones que refleja el mundo y las posibilidades del la ilusión lírica como escape momentáneo a esta realidad. Quisiera terminar esta entrada con un fragmento que relacioné con lo que Sebald intenta reflejar en su Historia Natural de la Destrucción.

“La ilusión lírica no puede abandonar la esperanza de reencontrar – de acuerdo a su escala de valores – la transparencia de este mundo gris, cargado de significaciones confusas e indeterminadas. Sin embargo, este mundo alucinante, en donde todo cambia de significación, o más bien por el caos, esta significación se anula, es el mundo real donde vivimos. El resto forma parte de los vastos palacios del sueño.”

La ficción presente en la Segunda Guerra Mundial

Históricamente se sabe que en los magnicidios, las cifras numéricas relegan la identidad. El hombre se pierde en la oscuridad de la masa, y aspectos que antes lo identificaban se cargan de trivialidad y dejan de tener sentido. Después de una tragedia de esta proporción, como fue la Segunda Guerra Mundial, la igualdad de condiciones se hace evidente. Cuando empecé a leer a Sebald tardé un poco en comprender el contenido de ficción que tenían sus relatos. Después de unas páginas lo entendí.

El hombre se describe a sí mismo, a través de sus actos. Lo que Sebald define como “el sentimiento de amnesia colectiva”, fue lo que caracterizó a la población alemana después de verse vencidos y destruidos por los continuos ataques de los Aliados. Se encontraban en una situación donde su ego se había desvanecido por completo, sin embargo, nunca reflejaron signos de debilidad. Esto también lo explica Sebald ya que los alemanes no tenían ningún argumento que los salvara de la tragedia que se avecinaba. La ficción de este texto, radica precisamente en eso. “Ese mutismo, ese cerrarse y hacerse a un lado es la razón de que sepamos tan poco de lo que pensaron y vieron los alemanes en el medio decenio comprendido entre 1942 y 1947”. La reconstrucción que hace Sebald de los hechos, es un esfuerzo por plasmar el panorama honorífico de esta época en Alemania. Una época que parece no haber existido porque la reconstrucción fue tan eficaz que en muy poco tiempo, las flores se encargaron de camuflar los escombros de la muerte.